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Un modelo para medir el turismo sostenible

Investigadores universitarios andaluces desarrollan un sistema que evalúa la gestión ambiental.

Equipos de investigación de las universidades de Málaga y Pablo de Olavide (UPO) de Sevilla han desarrollado un sistema de indicadores que evalúa la gestión ambiental de los destinos turísticos a partir de factores económicos, sociales y ambientales. En total, 65 parámetros que aportan información sobre el grado de sostenibilidad de 54 municipios de Andalucía.

La investigación ha logrado “establecer un modelo que evidencia el avance o retroceso en desarrollo sostenible» a través de etiquetas que hacen visible si la situación mejora o empeora en algún aspecto. Se encuestó a expertos para validar los indicadores de partida y, de forma paralela, se elaboraron bases de datos que analizaban la evolución de los municipios andaluces entre 2006 y 2014 en turismo sostenible.

El resultado ha sido recogido en el informe ‘Sustainable tourism tags to reward destination management’, publicado en la revista ‘Journal of Environmental Management’. Su autor, Rafael Caballero, advierte de que analizar la sostenibilidad en el sector turístico no es una tarea sencilla, pues implica «múltiples aspectos complejos de cuantificar», una dificultad que aumenta «por la gran cantidad de agentes implicados».

Caballero considera que el sistema puede suponer “un incentivo para motivar a los gerentes de entes públicos locales a aplicar su trabajo de una manera eficiente, ya que se les evalúa de manera objetiva». Las localidades con las mayores calificaciones se convertirán en modelo para otras.

Así, el trabajo para mejorar la calidad del empleo joven, aumento de zonas verdes o adaptación de infraestructuras a personas con movilidad reducida que un ayuntamiento desarrolle «servirá de acicate, pues además su calificación se elevará en el análisis que aplica el modelo», según explica la Fundación Descubre.

Las variables

Las variables con un mayor peso en la dimensión social están relacionadas con la seguridad del destino turístico, la conservación del patrimonio cultural y la capacidad de carga. En el plano económico, gozan de mejor ponderación el empleo turístico y el grado de satisfacción de los turistas. Y, en la faceta ambiental, el mayor peso se relaciona con la protección de los espacios naturales y la gestión de las aguas residuales.

El 88% de las referencias proceden de estadísticas y datos oficiales, que «se han aprovechado al máximo», y las restantes derivan de trabajo de campo a nivel local por parte de los expertos.

Finalmente, los autores fijaron el grado mínimo para considerar que ha habido mejora. Las etiquetas de sostenibilidad turística, que incluyen subcategorías, están otorgadas a los destinos que disfrutan de una dinámica positiva.

El equipo de investigación espera que el sistema sea de utilidad también por instituciones gubernamentales a nivel regional o nacional. «Sin embargo, su gestión por parte de un organismo independiente y supranacional sería la opción ideal para que este tipo de sistemas de etiquetas cumplan su misión», según indica el citado experto, quien también apuesta por que esa entidad no oficial dé a conocer las buenas prácticas.

El trabajo futuro lo sitúa en adaptarse al cambio de enfoque que se produce en la planificación en este ámbito. «Los nuevos planes estratégicos incluyen a agentes del sector para que participen en las decisiones de diagnóstico y prioridades», reflexiona Rafael Caballero.

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